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El proceso de
elaboración del Jamón Ibérico
consta de 4 etapas:
Salazón y
lavado.
Una vez sacrificados los cerdos,
se cubren los jamones con sal
marina durante una semana o diez
días, dependiendo del peso.
Pasado este tiempo, se lavan las
piezas en agua templada para
eliminar la sal de la
superficie.
Asentamiento.
Las piezas lavadas se
dejan de 30 a 60 días en
cámaras.En este tiempo la sal se
va distribuyendo uniformemente
por toda la pieza, con el fin de
favorecer su deshidratación y
conservación.
Secado
y maduración.
En esta etapa se trasladan los
jamones a un secadero natural en
el que la humedad y la
temperatura se controlan
principalmente mediante
mecanismos de ventilación. En
este tiempo, el jamón continúa
deshidratándose y también tiene
lugar el sudado (difusión de la
grasa entre las fibras
musculares que permitirá retener
el aroma una vez impregnadas).
Envejecimiento.
Los jamones se cuelgan en
bodegas durante no menos de 6
meses y hasta un máximo de 30.
En este tiempo continúan los
procesos bioquímicos iniciados
en la curación y los que
interviene la flora microbiana,
que le conferirá su peculiar
aroma y sabor final.
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