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El cerdo
ibérico es un animal de piel
oscura, pelo escaso, hocico
afilado y patas finas y largas.
Esta raza tiene la
característica genética de poder
almacenar grasa en su tejido
muscular, que es la clave del
inconfundible sabor y textura de
los jamones ibéricos.
Las
principales características
que distinguen los jamones
ibéricos en su calidad
derivan de la pureza de
raza de los animales, la
cría en régimen extensivo de
libertad del cerdo ibérico,
en dehesas arboladas y
con aporte suficiente de agua,
el ejercicio y la
curación, que suele
extenderse entre los 8 a 36
meses, necesitando más tiempo de
curación cuanto mayor sea el
tamaño de la pieza y mayor
cantidad de bellota haya
ingerido el cerdo.
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